jueves, 2 de mayo de 2013

El Bayern del terror

Cuando era pequeño me daba miedo la oscuridad. O, al menos, lo que podía esconderse en ella. Más de una vez evité levantarme para hacer una visita al cuarto de baño en mitad de la noche: estaba demasiado oscuro. ¿Qué se ocultaba entre las sombras? ¿Bichos, animales, fantasmas, espectros? Muchas noches pasé sin dormir, y es que el miedo es miedo por incomprensible, desconocido e irracional.

El FC Bayern siempre ha sido nuestra oscuridad particular. Nuestra fobia y enemigo común del fútbol español. En un día de sorteo, decir "Nos ha tocado el Bayern" fue siempre casi tan aterrador como pronunciar Lord Voldemort en la saga Harry Potter. Silencio, podría estar escuchándonos, y ya se sabe que el miedo puede olerse.

Pero la etapa oscura del Bayern ha quedado atrás. Ahora, el cuadro de Jupp Heynckes es un equipo adorable, que juega al fútbol como en la videoconsola, y que enamora al continente. ¿Miedo? Ya no les hace falta, ahora te despluman a base de goles.

Alemania ha pasado de ser la Casa del Terror a convertirse en Disneylandia. Antes, un perro rabioso de nombre Oliver Kahn era el cancerbero de un infierno llamado Olímpico de Múnich, de donde nadie escapaba con vida. Hoy, otro portero rubio custodia los arcos del FC Bayern, pero Manuel Neuer es más guapo y más educado. Una eliminatoria en Múnich era como renovarse el DNI: querías hacerlo rápido y acabar sano y salvo, pero la agonía se prolongaba dolorosamente. Y es que el cuadro bávaro ya no juega en el vetusto y feo Olímpico, desde hace unos años el Bayern vive en un modernísimo y multicolor Allianz Arena, donde todo es fantasía y diversión. Aunque no siempre fue así.

Enfrentarse al Bayern siempre fue sinónimo de canguelo: no jugabas contra el mejor, jugabas contra el más terrorífico. No daban tregua ni en los amistosos, ni siquiera en el Trofeo Santiago Bernabéu. Le fastidiaron los penaltis al Valencia en la Final de la Champions 2001. Le hicieron la puñeta al Madrid en repetidas ocasiones. Levantaron una eliminatoria en el final de la prórroga al mejor Getafe de la historia. Schwarzenbeck aguó la fiesta en el último minuto a un Atlético de Madrid que se veía campeón de Europa. Y es que Darth Vader podría parecer Pipi Langstrump al lado del Bayern de Múnich, el equipo que perfectamente podría entrar en la colección Pesadillas de RL Stine. Los datos no engañan: los de Múnich han jugado 44 partidos contra rivales españoles, de los cuales se han llevado 21 y han cedido sólo 11 derrotas. Escalofriante, ¿verdad?

Recuerden, recuerden: King Kahn, Lizarazu, Kuffour, Lúcio, Effenberg, Sagnol, Scholl, Hargreaves, Pizarro... aquello era la Liga del Mal.  Hoy, tipos como Müller, Kroos, Dante, Robben o Javi Martínez nos deslumbran con su fútbol de vértigo: asustan poco pero juegan de maravilla. El Barça ha caído contra el villano más maligno de Europa, pero este Bayern es distinto. No ha necesitado asustar con máscaras ni disfraces, el 7-0 global espanta a más de uno. Y de forma merecida.

Hoy, todos saben o quieren hablar alemán: ya nadie tiene miedo a ese idioma que parece propio de señores que parecen hablar enfadados. Porque Alemania es ahora la tierra de la que mana leche, y miel, y trabajo. Hasta su ser más tenebroso, Angela Merkel, es una ancianita con gafas. ¿Y qué me dicen de Michael Schumacher, Señor Oscuro de la Fórmula 1? El de Ferrari ya se retiró del circuito. Hoy otro rubito campeón, Vettel, gana por él, pero Sebastian infunde mucho menos miedo.

Lo cual no es malo. Los alemanes no dejan de ganar, pero ahora son más guapos y dan menos miedo. Y nos hacen disfrutar. Porque si antes el Bayern acojonaba, hoy el Bayern mola. Y mucho.

Ni siquiera el Barça sufrió: el 7-0 fue incontestable. Rápido e indoloro, no tuvieron tiempo de sufrir el terror. Que se prepare Wembley, los alemanes llegan. De rojo en un bando, y de amarillo en el otro. Y son más entrañables que nunca.

Oliver Kahn, Señor de las Sombras, en 2001(uefa.com)

jueves, 21 de febrero de 2013

Balotelli está feliz

La sensación que puede tener hoy un aficionado del FC Barcelona es que el cuadro culé fue de caza a San Siro y no logró encontrar la presa. Un césped salvaje en mal estado (dicen) y unos milanistas que a ratos eran toros directos al gol y a otros murciélagos colgados del balcón del área pueden dar fe de ello.

Durante la primera parte el partido estuvo más suelto. El Barça jugaba sin prisa, como siempre, buscando los huecos, pero se topó con un Milan bien plantado atrás, que aprovechó bien las bandas, las salidas al contragolpe, y los espacios que los culés regalaron a los rojinegros. 0-0, los locales contentos de no encajar, los visitantes contentos por el enésimo partido del que eran dueños. El pan nuestro de cada día. Pero algo falló anoche.

La solución al Enigma San Siro no es si el AC Milan jugó bien o mal, agradable a la vista o no, ni si pausó el partido con numerosas interrupciones. Eso son cuestiones menores, armas que cualquier equipo puede utilizar: el fútbol es democrático. El Milan jugó como sólo se puede jugar contra el Barça, como sólo le han podido jugar a España en la Eurocopa, hace unos meses (y ya lo vimos en el Italia 1-1 España). Contraataque, vocación defensiva, y, sin juntar excesivamente las líneas, el Milan se agazapó esperando al fallo del rival, presionando cuando tocaba. Unas veces para salir como animales al área rival como si no hubiera mañana, otras para aprovechar el ataque por los costados de forma más pausada.

El Milan tocó la gloria con el 1-0. Llevó el partido a su territorio (en sentido literal y figurado) y en lugar de decirle "adiós" al balón, le decía "hasta luego". Le lanzó un ciao, que significa hola y adiós según en el contexto, y en esas se veía con la pelota. Efectivamente, el Milan esperaba paciente, paciente, que el balón aterrizara en sus dominios. Porque el Barça no lograba forzar el candado. Ni por el centro, donde la línea rossonera de 2+3 funcionó a la perfección, ni en los flancos, donde los laterales contaron con las coberturas adecuadas. Cuando el 1-0 era suyo, cualquier milanista habría firmado el final del partido, pero la magia de la Champions League aún le había deparado aún más felicidad al Milan, ante su particular bestia negra (al menos, en los últimos años). Porque aún faltaba el segundo.

Sucedió lo que nadie esperaba. El Barça no tuvo Plan B. Ni Alexis sacó la escalera para trepar el muro, ni el muro cedió, y el Barça se quedó con las ganas de catar el área milanista. En tres cuartos de campo el Milan mandó construir su aduana: el balón pasa, sí, pero con arancel. No se encerró en el área, sino unos metros más lejos. Y claro, si no tiras, no hay opciones de gol. Esta película no era nueva para los de Tito y Roura. Suena contradictorio en el Barça, pero, si la memoria no me falla, las ocasiones más claras de los blaugrana esta noche llegaron a balón parado. Jugaron como siempre, perdieron como nunca.

Desde la grada, Mario Balotelli disfrutaba de su primer partido de Champions como jugador del Milan. No jugó, pero disfrutó de lo lindo. Ahora tendrá otro motivo más para presumir de nuevo club.

Boateng hace el 1-0
(Daily Telegraph)

lunes, 17 de diciembre de 2012

Un Mundial por todo lo bajo

Hoy, Corinthians venció al Chelsea por un gol a cero en Japón y se coronó como campeón del Mundial de Clubes. Apenas ha tenido trascendencia en los medios españoles, más centrados en el récord de Messi, el enésimo tropiezo merengue o las zarpas del 'Tigre' Falcao. La realidad es realmente triste para esta competición en nuestro país, que tras ocho edicioness apenas goza de reconocimiento en Europa.

La Fifa. El máximo organismo del fútbol ha ideado una competición que, si bien presenta algunas imperfecciones, está muy lograda. La Fifa se vuelca año tras año con este torneo y el único 'pero' posible sería el trato de favor a los clubes de las confederaciones potentes. Así, mientras el campeón de Europa o Sudamérica comienzan su andadura en Semifinales, el representante de Oceanía debe jugar una Repesca previa. Por lo demás, el formato parece adecuado para un calendario cada vez más exigente y que obliga a reunir a seis equipos de cada punta del globo terráqueo, además del anfitrión.
Por otro lado, el Mundial de Clubes comienza a ser itinerante, y tras haber jugado sus primeras ediciones en Japón y Emiratos Árabes, en 2013 y 2014 se disputará en Marruecos. Claro, el dinero manda y seguramente la competición tenga lugar próximamente en otros países del mismo calibre, algo que no sorprende si tenemos en cuenta la reciente designación de Catar como sede del Mundial 2022.

Los medios. Al menos en España y Europa, apenas se ha dado tirón mediático al mal llamado 'Mundialito', un nombre que desprestigia per se al propio torneo y que resta seriedad. Mediaset apenas ha dado coba al Mundial de Clubes y los medios tampoco se han volcado en exceso con la competición. Ni siquiera el Barça, campeón hace un año, consiguió otorgar algo de renombre al torneo. Los de Guardiola se tomaron en serio el asunto y golearon al Santos de Neymar, Ganso y cía, pero ni por esas. Ahora mismo, el 'Mundialito' se encuentra al nivel de la Copa Confederaciones: un torneo cuasiveraniego que parece dar lo mismo ganarlo que perderlo.

Europa. Parece que a pocos clubes europeos les interesa ser campeones del mundo. La poca relevancia en los medios, la poca difusión del torneo y el poco reconocimiento pueden ser algunos factores. Pero quizá haya otros más importantes: el campeón europeo presente en el Mundial de Clubes es el único que se encuentra a mita de temporada, tiene que cambiar el chip liguero y, para ello, suele disponer de poco tiempo de adaptación (no como sus homólogos americanos, por ejemplo). Con mayor o menor razón, el jet lag suele ser una excusa recurrente.

América y el mundo. En el nuevo continente las percepciones son distintas. También ocurría con la Copa Intercontinental. Los duelos contra los gigantes europeos son más tenidos en cuenta por los equipos americanos, que buscan una oportunidad para pintarles la cara a los campeones de la Champions League, en una lucha de poderes más pasional para los clubes de América. No es posible medirlo científicamente, pero seguramente, a un hincha de la Concacaf o la Conmebol le hará más gracia ganar el Mundial de Clubes que a un aficionado europeo. Me atrevería a decir que los aficionados mexicanos ven la Concachampions como un trámite al verdadero desafío: el Mundial de Clubes.
A esto hay que añadir que en América, África y Asia el fútbol se para en invierno (o en su correspondiente verano), no como en Europa. Así, aunque la Libertadores se disputa a mediados de año, la Liga continúa hasta octubre/noviembre. Cuando finaliza, los equipos brasileños aseguran sus vacaciones mientras Corinthians prepara su marcha a Japón. Por tanto, gozan de más tiempo para preparar su papel en el Mundial. Incluso, este año se ha producido un éxodo masivo de hinchas del Timão a Japón para presenciar en directo a su equipo, algo impensable para los hinchas del Chelsea, por ejemplo.

En definitiva, estas son los principales motivos por los que, lamentablemente, el Mundial de Clubes no cuenta con un arraigo suficiente en Europa. Una lástima que, espero, cambie con el paso del tiempo, cuando el Mundial cuente con una presencia mayor de clubes y todos los equipos afronten el evento como lo que es: una fiesta del fútbol internacional donde está en juego, nada más y nada menos, que llevarse el título de mejor equipo del mundo.

Los jugadores del Corinthians festejan el título
(thesun.co.uk)