Éstas son las primeras y últimas palabras del artículo, que trata sobre un futbolista atípico. Seguro que se extraña uno cuando lee esto. Pero seguro que os sentís de otra manera cuando terminéis de leer todo.
El nombre de Robin Friday lo conocía desde hacía mucho tiempo, pero cuando lo oí por primera vez y me dijeron que era un fiera con el balón, lo primero que se te viene a la cabeza es: ¿pero dónde jugaba? ¿quién es?. Pues amigos, aunque muchos de vosotros ya hayáis oído hablar de él (que no lo dudo), su historia me pareció, cuanto menos, curiosa e impactante. Robin Friday, un futbolista que tiene el dudoso honor de ser un 'bad boy' del fútbol. En la misma lista que Gascoigne, Romario, Garrincha, George Best, Cassano y demás futbolistas de hábitat nocturno. Además, nunca llegó a jugar en Primera División.
Nuestro protagonista nació en Londres, concretamente el 27 de Junio de 1952, en una pequeña parte llamada Acton. Comenzó a jugar en el Walthamstow Avenue (ahora no existe dicho club), para hacerlo más tarde en el Hayes, de Cuarta División, que se encontraba más cerca de su casa (y de una taberna barata). El Hayes empezó un partido sólo con 10 hombres, ya que Robin Friday estaba en un pub acabándose una pinta. Llegó al campo unos diez minutos después, y totalmente borracho, aún fue capaz de marcar el único gol del partido y jugar como un as del balón, aunque éste no fue el único caso en el que jugó bajo los efectos del alcohol.
En 1972 sufrió un accidente con una verja, borracho, cómo no, y estuvo ingresado en el hospital, con severos daños en el estómago y un pulmón. Se recuperó a los tres meses. En 1973 el Reading de Tercera División le fichó. En 130 partidos aproximadamente, Friday fue capaz de marcar 50 goles. En Marzo de 1976, el Reading se enfrentaba al Tranmere Rovers, y fue donde Robin marcaría uno de los mejores goles de toda la historia (por desgracia, sin cámaras en el estadio): Friday estaba en la parte izquierda del área, recibió un balón aéreo, conroló de espaldas a portería con el pecho, y tras girarse 180 grados coló el balón por la escuadra opuesta a donde se encontraba. El árbitro del partido, Clive Thomas, afirmó que ese gol fue el mejor que pudo presenciar sobre un terreno de juego.
Para la siguiente temporada, en 1976, el Cardiff City fichó a Robin por una cantidad de 30.000 Libras, algo que le pareció poco al mánager del Cardiff, ya que no sabía nada acerca de la personalidad de Friday. El futbolista no tardó en darse a conocer, ya que fue arrestado en la estación de tren el día de su llegada, por un lío de los tickets y pasajes (cuando se dio cuenta de la situación, besó a un policia en la boca. Más tarde sería encarcelado, aunque por poco tiempo). Comenzó su carrera haciendo trizas la defensa del West Ham, donde jugaba un tal Bobby Moore. Jugó 25 encuentros de forma sensata, pero después... después siguió con las juergas y sobre todo el alcohol. En un partido que enfrentó al Cardiff City contra el Brighton (el 31 de Octubre del 77) Friday tenía un sentimiento especial hacia un jugador rival, Mark Lawrenson, el que sería designado como mejor jugador esa temporada. Pues Friday le pateó en la cara, vio la roja, y encima defecó en el macuto del señor Lawrenson.
Después de aquello, el fútbol profesional para Friday se acabó, alegando que casi todo el mundo le decía lo que tenía que hacer, sin contar con su opinión. Maurice Evans, mánager del Reading, le comentó en una ocasión: 'Si te quedases 3 o 4 años en el equipo, podrías llegar a jugar con la selección'. Friday le preguntó por su edad, y le respondió: 'Tengo la mitad de años que tú, y sin embargo he vivido el doble'.
El 22 de Diciembre de 1990, Friday murió por una sobredosis de cocaína, a la edad de 38 años. Se echó a perder un futbolista que pudo marcar una época. De la talla de Maradona, según cuentan.
PD: Ésta es una portada de un disco de los Super Furry Animals, donde se ve la foto de Robin Friday haciendo el gesto más insultante que se puede hacer con las manos en Reino Unido, algo parecido a sacar el dedo corazón aquí en España. Algún día os contaré el por qué este gesto está mal visto.
